Los murales de la Estación San Martín del subte ´C`
Junio 11, 2009 por rodolfomedinaEntrevista con “La Geceta del Retiro”.
Los murales de la Estación San Martin del subte C, instalado en el pasillo que da hacia la calle Maipú, representan en expresiva combinación de figuras humanas y símbolos, la gesta libertadora. Actualmente están siendo restaurados y sobre esto conversamos con su autor, el artista plástico Rodolfo Medina.
“El mural no debe destruir la arquitectura, debe estar integrado a ella”
Rodolfo Medina egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes, a lo largo de su carrera ha hecho numerosas exposiciones y obtenido premios. Pero como destacado muralista que es, muchas de sus obras están expuestas en lugares públicos de la Argentina y el exterior. En este último caso se puede mencionar el Centro Mundial de Comercio de Nueva York, o el Museo de Arte Latinoamericano de Punta del Este. En nuestro medio hay obras suyas en diversos espacios, públicos y privados, como es el caso de las que nos ocupan en esta entrevista. Por eso, aunque no vive en este barrio, Medina forma parte de él, ya que algunos de sus valiosos murales pueden admirarse aquí en forma permanente.
- ¿Desde cuándo trabaja como muralista?
Desde el año 60 o antes. En esa época yo hacía óleos, exponía. Y estaba haciendo experiencias de relieves para murales. Trabajaba en Ferrocarriles como dibujante, y cuando se hace una reforma en la estación Once me proponen hacer unos murales allí. El año no lo recuerdo exactamente, lo que recuerdo es que se volteó el cocherón que había, que era parecido al de Retiro, para hacer eso. Era una época en la que la arquitectura se había “modernizado” y se destruían los edificios de Buenos Aires para hacer la parte de abajo. Bueno, eso le tocó a Once lamentablemente.
Hoy existe más conciencia sobre el patrimonio, pero lo que usted dice se sigue haciendo. Hay muchos edificios que en la parte de abajo tienen un uso comercial, han sido modificados para eso, y hacia arriba mantienen su estilo original, o sea que están como partidos en dos.
Esas cosas no deberían permitirse. Al Once lo modificaron de esa manera, y quedó en el andén 1 una pared enorme en la que me propusieron hacer murales. Yo dije que necesitaba un taller para trabajar, me lo pusieron en unos galpones y me dieron dos ayudantes, que eran peones de vías. Fue sorprendente para mí porque era gente que había hecho artesanías, tenían una habilidad manual increíble. Comencé a hacer los murales y pensaba hacer diez, pero se ve que después de un año se cansaron de verme y me dijeron que con cuatro era suficiente. Tienen que ver con el progreso, el primero es el encuentro del aborigen con la gente que vino a descubrir estas tierras, después hay otro sobre la leyenda del caballo de Bragado. Yo soy de Bragado, y la leyenda dice que en la época de la conquista del desierto las tropas descubren cerca de la laguna un caballo dar ese pelaje. Lo quieren cazar, lo rodean, y cuando el caballo se ve atrapado se tira a la laguna. Prefirió matarse antes que perder la libertad. Esa es la leyenda, no sé si es cierta o no, pero es hermosa, y está en uno de esos murales. En otro hay un paisaje de la pampa, y el último tiene que ver con la industrialización, hay gente como atrapada por engranajes, figuras que son todas iguales, en una idea de automatismo.
-¿Qué pasó con esos murales?
Están, y mejor que estos (por los del subte), a pesar que hay que restaurarlos también. Cuando estaban terminados la gente de Subterráneos los vio, se entusiasmaron y me dijeron que querían tener aquí (en la estación que entonces se llamaba plaza San Martín) unos murales sobre la gesta libertadora. Hice una especie de maqueta, y costó bastante aceptarlos porque querían verlo a San Martín (en las figuras) .Yo les expliqué que esto era muy simbólico, y los convencí. El contrato me obligaba a terminarlos en una fecha, me enfermé y todo porque trabajaba una enormidad. Pedí permiso sin sueldo en el Ferrocarril, vivía de esto, teniendo mujer y dos hijos no me podían dar el lujo de ser bohemio, necesitaba dinero, así que los hice y los terminé por suerte. Se inauguraron a fines del 69. Les pusieron una luz especial que después sacaron porque el pasillo es angosto y el reflector calentaba mucho. Eso modificó también un poco el color de los murales.
-Cuénteme cómo se trabaja para hacer un mural.
En este caso yo lo primero que hice fue leer la historia, para crear mentalmente un montón de imágenes. Las que aparecen, en forma muy fugaz, hay que atraparlas, entonces se hacen bocetos. Después se dibuja el mural en escala. Se arma una mesa del tamaño del mural, se le pone arcilla y sobre eso se dibuja el mural y se empieza a modelar, como una escultura. Cuando está totalmente modelado se hace el molde de yeso, seccionado en paños para poder moverlo. El trabajo del molde es agotador, hay que terminarlo en el día, porque si no endurece y se achica. Se saca el molde, se lava, se impermeabiliza. Se coloca en el piso y se llena de cemento. Aparte lleva una malla de hierro para que la placa no se quiebre.
-Es una técnica compleja, y que lleva un esfuerzo físico grande, más allá de la creación artística ¿no?
Si, esa parte artesanal lleva un esfuerzo físico enorme. Yo digo que a esta altura de mi vida no haría un mural, salvo que tenga varios ayudantes jóvenes. Hay que mover esas placas, pesan mucho. Después que está hecho el cemento y el yeso hay que ponerlo parado y picar el molde, luego se lava con ácido, y se patina. Y se coloca como el mármol, con un adhesivo de cal y arena. En el lugar se le hace un retoque nada más.
-Cuénteme que se está haciendo en sus murales del subte.
Los murales estuvieron bien varios años, hasta que en el año 76 no sé por qué, los pintaron de marrón, Eso me dio una gran tristeza porque era como destruir la obra. Hice una protesta formal, luego hice un juicio pero quedo ahí por años. Hice el juicio no por dinero sino por una reparación moral. Lo gané, pero era el año 82 y era imposible, el país estaba en otra cosa. Después vino la democracia, yo contento pensé que entonces iba a conseguir que se restauraran los murales, pero pasó que ningún funcionario de Cultura me recibió.
Pero ahora se están restaurando ¿Cómo fue?
Por la Arquitecta Arias Incolla, de Patrimonio. Alguien me dijo que hablara con ella, que se iba a interesar, y así fue. Ella es la primera funcionaria que me recibió, con la que pude hablar. Se interesó, me dijo que en algún momento se iba a hacer esto, y así fue. Es una persona muy conocedora y muy respetuosa de la obra, cosa que me conmovió,
Y ¿en qué consiste la restauración?
En principio es quitarles la película de esa pintura grasa que tiene encima. Primero me dijeron si los quería restaurar yo, pero dije que no, que el autor no debe restaurar su obra. Y la gente que está trabajando lo hace muy bien, el restaurador se llama Domingo Telechea y su ayudante es Marisa de Castelli. Y es un esfuerzo enorme. Ahora después de limpiar hay que hacer la pátina, y eso también verá el restaurador cómo lo hace, Yo simplemente tengo que estar, sobre todo cuando estén dando el color.
Usted dice que el artista no debe restaurar su propia obra ¿por que considera eso?
Porque cuando el artista restaura su obra lo que hace es recrearla, y así le quita la autenticidad y la pátina del tiempo. La pinta encima y la hace resaltar del entorno, El está en otra etapa personal en ese momento, por eso no debe hacerlo.
Que interesante eso, la idea del tiempo, que actúa sobre todo: sobre el artista y sobre las obras de arte.
Y a veces las enriquece. También sobre el tema mural, quería decir que en Buenos Aires hay una especie de invasión. Cuando uno habla de mural habla de muro, de modo que este no se debe destruir. Cuando yo pinto un paisaje en una pared, si no respeto la arquitectura no estoy haciendo un mural, estoy destruye4ndo algo. Y es muy común que se tomen edificios antiguos y se pinten las paredes.
Hay toda una idea que apunta a la famosa creatividad. La consigna es ser “creativo”, entonces respetar las cosas como son, seguramente se ve como una carencia…….
Claro. Pero el mural no debe destruir la arquitectura, debe estar integrado a ella, Si yo tengo que hacer un mural en una cúpula, no debo hacer algo que me trabe la vista, ahí tengo que manejarme con espacios amplios. Si voy a trabajar en un pasillo, la composición tiene que ser de recorrido. Los del subte están compuestos para que se vean recorriéndolos, porque de frente totalmente no se pueden ver. Por eso para hacer un mural uno tiene que saber dónde va a estar ubicado. Los viejos murales de subte sí que tenían el concepto, están hechos por gente que no destruyó el muro.
El patrimonio de subterráneos es muy importante, aunque también se ha destruido parte en alguna remodelación.
Eso pasa muchas veces. Recuerdo en Galería del Este, Kosice había hecho un mural enorme y después hicieron negocios adelante y taparon la obra. Un mural mío estaba en una confitería que se vendió, voltearon todo y no lo vi nunca más. También en Galerías Pacifico hace años había uno muy lindo de acero, que se perdió.
Antes de finalizar, cuéntenos sobre la muestra en Punta del Este……
Sí, este año fue maravilloso para mí. Primero lo de la restauración de los trabajos, y luego me llama el Sr. Harry Recanatti que dirige la Fundación Ralli, en Punta del Este. Él durante años fue adquiriendo trabajos y ahora me avisó que inauguraba una sala en el Museo de Arte Latinoamericano, con 12 obras mías, inmediatamente saque un pasaje y me fui a verlo, por supuesto. Fue emocionante ver obras mías en un Museo como ese y tan bien expuestas. Para mí fue como un premio.


