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Rodolfo Medina: reportaje.

Jueves, Junio 11th, 2009

Nota publicada en Artistas Plásticos de San Isidro.

Resulta siempre bastante difícil hablar de la propia obra. Lo intentaré respondiendo a las preguntas que yo, como autor me hago permanentemente.

A modo de presentación diré que nací en la ciudad de Bragado situada a 209 Km. de la Capital Federal, en dirección oeste y pertenezco a una familia numerosa, diez hermanos, yo el noveno.

Mis comienzos se remontan a muchos años atrás, en la vieja escuela 21 de mi pueblo. Ana Parabúe, maestra de segundo grado y excelente acuarelista ya desaparecida, me dio clases de dibujo durante un tiempo. Luego seguí solo pintando paisajes al oleo hasta que sentí la necesidad de ingresar en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Teresa Perillo, profesora de dibujo del Colegio Nacional fue quien me preparó para rendir examen. Me trasladé a la Capital con todas las ilusiones, rendí, aprobé y comencé mi aprendizaje. Primero en la Escuela Manuel Belgrano y luego en la Prilidiano Pueyrredón.

Triccini, Pacenza, Gramajo Gutiérrez, Nevot, Ideal Sánchez, Balan y otros son los nombres que vienen a mi memoria, profesores de Dibujo, Grabado, Pintura y Escultura, además un especial recuerdo para Hector Cartier, cuyo enorme conocimiento invadió todos los espacios de innumerables generaciones de artistas plásticos. Esto puedo decir de mis comienzos.

 ¿Qué maestros influyeron en mi obra?

       Todos los maestros influyeron y aportaron muchísimo. Como alumno uno funciona como una esponja, absorbiendo todo lo que se presenta, pero eso ocurre mientras se experimenta, aumentando el conocimiento, El propio lenguaje surgirá indagando permanentemente en lo más profundo de nuestro ser. La búsqueda de nuestra identidad producirá en definitiva esa cosa casi milagrosa que es la creación.

¿Cómo nace una obra?

        Nace desde mi interior, desde mis antepasados, desde este lugar que ocupo y desde todo ese mundo que me circunda. Todos son nutrientes y condicionantes, todos llenan mi espacio interior como si llenaras una caja que no se completa jamás y de allí saco cosas permanentemente para volcarlas en el papel.

       Hay un estado especial que solo es posible lograrlo en soledad, donde uno busca recorriendo la memoria. Ahí está todo, las imágenes, los sentimientos y los deseos, lo lindo, lo feo, lo bueno, lo malo. Ahí está todo, y a ese trabajo enorme de dolor y gozo que significa sacar todo eso a la superficie, podríamos llamarlo inspiración. En ese momento, en el momento en que surgen las ideas comienzan la tarea de concretarlas y en este punto valoramos todo lo aprendido, pero siempre es poco, lo soñado, lo imaginado supera esa realidad que transmitimos.

¿Qué significado tienen la disparidad de elementos que aparecen en mis obras?

         El profundo amor por la naturaleza y un espíritu observador me lleva a valorar todo de un modo especial. Siento un enorme placer al acariciar una forma y el mismo placer me produce el descubrir la similitud entre las formas humanas y algunos elementos que completan la obra. Todo cobra vida propia y establecen entre sí un diálogo en un mundo casi surrealista y fantástico.  Realmente no sé si esto aclara las cosas. Me resulta muy difícil explicar lo que hago, es posible que no tenga explicación, pero es una realidad. Hay algo que sí puedo decir y es que en el momento de hacer, cuando las imágenes aparecen las incorporo pues entiendo que allí  quieren estar.   El porqué esto y el porqué aquello son preguntas que también yo me hago como autor.

           He recibido algunos premios que en su momento me produjeron satisfacción pero realmente el mayor galardón es enterarme que la obra logró comunicarse, que cobra vida propia y comienza a transmitir su mensaje. Yo también la descubro cuando me detengo a mirarla después de un tiempo, sin duda crece y se transforma constantemente.

          Realicé muchas exposiciones en grupo e individuales, participo en salones y con los murales realizados siento que estoy exponiendo permanentemente y mi muestra más importante fue la primera realizada en el año 1965. Me impactó por eso, por ser la primera.

          El trabajo constante y la permanencia en el taller, desde la mañana no muy temprano hasta la noche, permite vivir rescatando imágenes sueltas que habrá que ordenar.

Rodolfo R. Medina.   12/ 10/ 2006